Las autoridades chinas aplican desde hace días una serie de medidas de represión preocupantes contra activistas y grupos minoritarios. Según testigos presenciales, la policía china utilizó gases lacrimógenos y picanas eléctricas para dispersar a 500 manifestantes en la capital tibetana, Lhasa.

Los manifestantes pedían la libertad de otros monjes detenidos en protestas anteriores.

Asimismo, según informes, manifestantes -nueve monjes entre ellos- recibieron una brutal paliza y fueron detenidos frente a Tsuklakhang, el templo principal de Lhasa. Los detenidos habían estado manifestándose para conmemorar el 49º aniversario de la huida del Dalai Lama del Tíbet tras la fallida rebelión contra la autoridad de China. En toda la capital han sido detenidos alrededor de 50 monjes más.

El gobierno puso como plazo la medianoche del lunes 17 de marzo para que las personas que habían participado en las protestas se entregasen, amenazando con “castigar severamente” a los que no lo hiciesen. Algunos testigos han informado de que se está sacando por la fuerza a personas de sus casas y se están llevando a tibetanos que tienen imágenes del Dalai Lama en sus hogares.

Previamente, las autoridades habían dirigido sus ataques contra la población uigur de la Región Autónoma Uigur del Sin-kiang (XUAR). El domingo afirmaron que habían frustrado una conspiración “terrorista” para atacar las Olimpiadas, que vincularon a presuntos separatistas uigures.

Esta afirmación se basaba en un ataque perpetrado contra una supuesta “banda terrorista” en la región XUAR en enero de 2008 durante la cual, según fuentes oficiales, la policía china mató a dos miembros de la banda y detuvo a otros 15.

Las autoridades no aportaron pruebas concretas que respaldaran sus afirmaciones y, no se sabe por qué, no dieron a conocer los presuntos planes de un ataque contra las Olimpiadas hasta tres meses después. Estos cargos también contradicen la afirmación original de las autoridades según la cual la “banda terrorista” en Xinjiang había estado planeando un incidente el 5 de febrero –la matanza de Gulja– cuando las autoridades chinas reprimieron brutalmente a manifestantes pacíficos, de los cuales varios centenares resultaron muertos según estimaciones.

Las autoridades también señalaron el domingo que habían frustrado una conspiración para colisionar un avión chino que volaba de Urumqi, capital de la región XUAR, a Pekín.

Las declaraciones se produjeron a los pocos días de que Amnistía Internacional advirtiera sobre la oleada represiva que sigue teniendo lugar contra abogados y abogadas de derechos humanos y otros activistas en Pekín vinculada al hecho de que China vaya a ser la sede de las Olimpiadas. Las referencias al “terrorismo” y las amenazas para la seguridad del Estado formuladas por las autoridades chinas, especialmente en el contexto de los preparativos para las Olimpiadas, se consideran como justificación de la amplia oleada represiva no sólo contra minorías étnicas críticas con la autoridad de China, sino también contra defensores y defensoras de derechos humanos.

“La intensificación de la censura y los ataques y secuestros de activistas pacíficos a manos de presuntos agentes de seguridad de Pekín ponen en entredicho las promesas oficiales de mejora de los derechos humanos en vísperas de las Olimpiadas”, decía el viernes Tim Parritt, subdirector del Programa Regional para Asia y el Pacífico de Amnistía Internacional.

Amnistía Internacional ha revelado que Teng Biao –abogado, intelectual y activista de derechos humanos– desapareció tras ser metido a empujones en un vehículo justo después de llegar a casa, a eso de las 8.30 de la noche del jueves 6 de marzo, según unos testigos. Cuando posteriormente fue puesto en libertad, al parecer le advirtieron de que no hablara de su secuestro con periodistas extranjeros.

Otro caso es el del abogado de derechos humanos Li Heping, cuyo automóvil fue embestido por un vehículo policial el viernes por la mañana. A pesar de la sacudida, ni Li Heping ni su hijo, al que llevaba al colegio en Pekín, parecen haber sufrido heridas graves. El vehículo policial lo había estado siguiendo desde su domicilio y al parecer aceleró antes de embestirlo.

Li Heping reconoció a los tres agentes que iban en el vehículo como agentes de su distrito policial y afirmó que el conductor no le hizo caso cuando lo recriminó por el golpe y que la policía de tráfico se negó a ocuparse del caso cuando denunció el incidente ese mismo día.

En septiembre de 2007, Li Heping fue secuestrado por unos hombres no identificados, golpeado con porras eléctricas y conminado a abandonar Pekín si no quería sufrir más agresiones.

“La agresión acrecentada de dos abogados de derechos humanos indica que la presión sobre los activistas en Pekín está aumentando en vísperas de las Olimpiadas”, dijo Tim Parritt. Las autoridades deben realizar una investigación completa e imparcial del secuestro de Teng Biao y del incidente de Li Heping.

INFORMACIÓN OFRECIDA POR AMNISTÍA INTERNACIONAL

Miles de personas se manifestaron ayer desde las seis de la tarde en el centro de Madrid para pedir al Gobierno el retorno de las tropas españolas en el Líbano y Afganistán y exigir el fin de la ocupación en Irak.

La protesta, convocada por movimientos sociales, asociaciones ciudadanas y partidos políticos, como el PCE, conmemora la gran manifestación contra la guerra de Irak celebrada en la capital en febrero de 2003.

El secretario general del PCE, Francisco Frutos, asistió a la manifestación junto a dirigentes sindicales y artistas, como Guillermo Toledo.

En esta ocasión, los lemas más coreados por los asistentes, que recorrieron la calle de Alcalá desde la plaza de la Cibeles a la Puerta del Sol, hacían , sobre todo, referencia a Palestina, Irak y Afganistán.

’No a la ocupación de Irak y Afganistán’ rezaba la pancarta que encabeza la marcha en manos de un grupo de mujeres y muchachas palestinas que no dejan de lanzar consignas contra Israel y Estados Unidos.

Banderas rojas, republicanas y palestinas abundan en una concentración con muchos jóvenes y en la que no han faltado notas de color, como un grupo de payasos encargados de satirizar la guerra de Irak.

En la manifestación también podía verse una pancarta de la Plataforma “Juicio a Aznar” que pedía el fin de la impunidad para los responsables de la guerra de Iraq.

Raul Reyes, dirigente de las FARC asesinado por el ejercito colombiano tras invadir territorio de Ecuador no murió en combate. Así lo vienen asegurando diversas fuentes durante las últimas horas y a través de diversos medios de comunicación de los paises en conflicto.

Tras la publicación en el periódico EL TIEMPO de Colombia de las fotos del cadáver de Reyes, algunos analistas apuntan çeste no murió en combate, ni murió por una bomba tirada desde un avión, tal y como dice el gobierno colombiano. Las fotos demostrarían que el guerrillero fue apresado vivo y tras un interrogatorio, más ó menos largo, lo torturaron atrozmente y lo remataron con un tiro en la frente.

Según el analisis de las fotografías, algunos apuntan a que en ese interrogatorio es muy probable que sus captores de cortaran el pene y los genitales y antes de morir le rompieran la nariz y le hundieron el pómulo izquierdo con la culata de un fusil ó algo parecido.

Afirman además que el gobierno colombiano estaría mintiendo y su jefe de policía, el General Oscar Naranjo, mostró documentos falsos implicando al Presidente Correa, de Ecuador con las FARC, “pues cualquier experto de la policía científica podría demostrar que la máquina con que han sido escritos pertenece a ciertos partidarios de Alvaro Uribe. Ambos documentos tienen la misma letra que el encabezamiento del que tiene la fecha 28.02.08″, señalan.

Telesur asegura que el asesinato de Raúl Reyes no se produjo en combate

La cadena Telesur afirmaba ayer también que el asesinato del comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Raúl Reyes, y el de otros 16 guerrilleros ocurrida el sábado, no se produjo durante un combate con el Ejército colombiano.

TeleSUR obtuvo imágenes exclusivas del sitio donde ocurrieron los hechos, ubicado a unos 2 kilómetros de la línea fronteriza con Colombia, en la localidad de Santa Rosa de la provincia de Sucumbíos (noreste), donde yacían los cuerpos sin vida de los rebeldes y los restos del campamento de las FARC, donde se encontraba Reyes.

Mandos del ejército ecuatoriano que participan en las pesquisas sobre la zona donde actuaron militares colombianos durante el fin de semana, determinaron la manera en que los uniformados extranjeros .

“Aquí como ustedes pueden evidenciar prácticamente el ataque ha sido efectuado de sur a norte por eso es que se ven los árboles caídos. El bombardeo ha sido de sur a norte en territorio ecuatoriano”, confirmó el comandante de la Brigada de Operaciones número 54 del Ejército ecuatoriano, José Núñez.

“Se presume que son rokerts lo que han lanzado los helicópteros en el primer asalto. En el segundo, que ha sido a las 3 de la mañana apróximadamente, según versiones de las personas que se encontraban heridas, (las tropas del ejército colombiano) han descendido en soga rápida o en rapel para continuar las acciones en tierra”, precisó.

La muerte de Raúl Reyes, junto con la de los otros 16 guerrilleros, se produjo el sábado en una operación “planificada” del Ejército colombiano, que incursionó en territorio ecuatoriano, según denunció el presidente Rafael Correa este domingo.

Tras la violación de su territorio, Correa expulsó al embajador de Bogotá en Quito, y ordenó la movilización de sus tropas en la frontera con Colombia.

El mandatario desmintió la versión de Bogotá de que la incursión se había producido durante una persecución “en caliente” de guerrilleros de las FARC que supuestamente se habían adentrado en suelo ecuatoriano para huir de los combates con el Ejército colombiano.

Manifestó que “irrefutablemente” se confirmó que el Ecuador “sufrió un planificado ataque aéreo y una posterior incursión de tropas colombianas, con plena conciencia de que estaban violando nuestra soberanía”.

Correa aseguró que, tras una revisión del lugar de los hechos, Reyes y el resto de las víctimas fueron “masacrados” mientras dormían, por el estado en que fueron encontrados los cuerpos de los guerrilleros asesinados , lo que “descarta cualquier versión en el sentido de que fue una persecución ’en caliente’ y en legítima defensa, contrariando la versión oficial colombiana”.